FRANCO FASOLI | JAZ 

Historias que se borran 

Por Elian Chali. 

29/12/2017 

 

Que me pidan que lo entreviste a Franco, es como que le pregunte a mi madre quién es el más lindo. La objetividad no es una característica demasiado robusta.

 

Sin embargo, he intentado acoplarme al cariño y profundo respeto que le tengo como artista y amigo para obtener de esa cercanía algunas herramientas que no sólo me permitan indagar en los espacios incómodos sino por el contrario, que la confianza construya una posibilidad de diálogo en el que esto más que un identikit de su vida y obra, sea un aprendizaje para ambos. Creo que en la oscilación de las respuestas nunca encontradas sucede la experiencia que a veces llamamos arte.

La práctica artística de Franco tiene un tema transversal que es el aspecto territorial del imaginario que plantea. Desde la preocupación por los asuntos formales hasta los propios ejercicios de confrontación en sus temas y materiales, este artista nos deja entrever que la praxis no es un espacio de relajación más bien lo opuesto; su máquina productora de ideas se ratifica con la obsesión manual, que es donde él localiza su hacer. Podría confirmar que lo considero un animal salvaje con los dientes bien apretados, más que un perrito domesticado.

Franco Fasoli, artista de 36 años con una carrera y CV eterno, aburridísimo de enumerar como si fueran trofeos que a nadie le importan pero pesado como sus piezas de bronce y pintura monumental, es una persona que prioriza lo que todavía no pasó. Corre sediento hacia la utopía aunque no sepa bien que significa esto o si existe.

En lo personal, el eco de su obrar me construye día a día. Cuando me pienso como artista autodidacta, es su voz -entre otras- la que me enseña desde la absoluta generosidad, contra toda jerarquía. Lxs maestrxs son lxs amigxs.

- Elian Chali.

Tengo entendido que, de algún modo, respondes a una familia de artistas.

 

Sí, del lado materno vienen por lo menos dos generaciones de artistas plásticos, visuales, tanto escultores como pintores, artesanos también. Del lado paterno, músicos, pianistas de opera, bailarines. Me crié en una familia de artistas en general.

 

¿Vos creés que el arte se traduce en un asunto genético, o se hereda, como si fuera un saber que se da desde más arriba hacia más abajo, o desde antes… hacia ahora?

 

No lo sé, tampoco si se hereda, lo que pasa es que cuando se te hace costumbre de niño, es difícil después alejarse de eso, a mí lo que me pasaba era que yo no quería ser artista de chico, cuando me preguntaban si quería serlo yo pensaba en las dificultades de mi abuelo como pintor, a nivel vida, la estructura, hacían que yo no quisiera. Muchas veces me escapo de ese rol de artista que vive de lo que hace… en ese momento no lo entendía. Tenía la habilidad y las ganas pero no sabía ni para qué, ni por qué se hacía.

¿Pensás, sin embargo, que en tu obra hay una reminiscencia… del gesto familiar? Después de todo… lo de adentro se te sale.   

 

Mucho no lo pienso, tantos años fui un poco reacio a esa postura... y me encontré, como artista, fuera de esa lógica, y sobre todo trabajando en el extranjero, o sea, yéndome de Argentina. Nunca me puse a reflexionar realmente cuánto hay de eso y cómo repercute en mí y en mi obra. Sí, claramente tuve de ellos la experiencia que me allanaron ciertos caminos.

¿Estamos hablando de familias inmigrantes no?

                                       

Sí,  familias que se hicieron bastante de la nada. Que fueron trabajadores del arte, mi abuelo hizo muestras, ganó premios. Y yo soy el único que siguió una línea muy directa en el oficio.  Yo tomo conciencia del ser artista mucho tiempo después, en la búsqueda de un camino para mis habilidades artísticas. Estudié cerámica, escenografía en el Teatro Colón. 

 

¿Puede ser como una metodología de supervivencia al mundo cotidiano a través de servicios que hacen la forma del ser artista? 

 

Yo en principio era un artesano, conozco muchos que han sido realizadores, el gran caso de artistas que han sido arquitectos o diseñadores gráficos, o que trabajan paralelamente. Fui de a poco proyectándolo como mi vida, mi camino. Creo que es el caso del artista argentino, tener que buscar un extra de lo que sea, una pata que nos ancle a la supervivencia.

Hay algo fatal en la experiencia que tiene que ver con el contexto… a mi modo de ver es algo que no se escapa, por lo menos en Latinoamérica. ¿Creés que el arte es, o debería ser, considerado una profesión?

 

A mi no me gusta tomarlo de esa forma, pero no tengo dudas que hay artistas que siguen el camino profesionalizado del arte, obviamente. Lo mío se fue dando muy paralelamente, no fue premeditado, aún hoy me considero en desarrollo. En ese sentido hay una dependencia del concepto artista al asunto comercial. Es una realidad que no comparto.

Es un fenómeno propio del capitalismo.

 

El artista es un trabajador, genera una rutina y un método, una dinámica y una forma. Se puede ser un trabajador sin ser remunerado.

 

¿Pensás que Argentina como plataforma ideológica para un artista, como contexto sociológico, es un buen lugar para trabajar?

 

Y por lo menos… es mi lugar para trabajar, o sea, yo quise salir al mundo un poco para revalorizar y mirar en perspectiva el lugar de donde venía y entender que ahí tenía mucho más de donde comer y nutrirme como artista que en cualquier otro lado, es riquísima la historia argentina. Es fundamental para entenderme a mí y para entender mi obra.

 

Algo que me gusta mucho de tu trabajo es que de algún modo hay una actitud  en el arte, en el espacio público, que muchas veces lo haces explícito y es el asunto político. ¿Pensás que sos de ese grupo de artistas atravesados por la historia?

 

Me da cierto temor decir que pertenezco a cierto sector de artistas que trabajan con la política y la historia, trato de hacer una lectura de Argentina muy abierta, pero no me considero un artista político. Lo utilizo para generar un imaginario propio, para bajar algún tipo de línea, o representar algo particular. Me gusta esa contradicción absoluta que es Argentina.

"Creo que es el caso del artista argentino, tener que buscar un extra de lo que sea, una pata que nos ancle a la supervivencia".

-Franco Fasoli a.k.a JAZ.

¿Crees que el arte puede no ser político? Para mí de una u otra forma siempre lo es.

 

Siempre estas inmerso en algo político, la cuestión es cómo uno lo desarrolla.  No hay un segundo que yo no genere algún tipo de paralelismo con lo que yo considero mi realidad: es mi forma de hablar y pensar. Creo que vida y obra y los vínculos con el arte, el artista latinoamericano y muchas otras cosas me atraviesan constantemente. El arte es una forma de vida. No podés llegar a tu casa y sacarte el traje de artista.

 

¿La actitud?

 

Es gran parte del artista que va acompañado de un paquete, la actitud y la personalidad hace al artista y la obra final.

 

¿Todos los trabajos que haces son obras de arte?

 

No, algunos son ejercicios, procesos. A mí me funciona mucho el hacer, de todo eso hay un filtro donde sale algún trabajo final.

Como artista quiero que me cremen y que hagan lo que quieran con las cenizas. El tema es como uno quiere ser recordado, no me interesa estar en algún mausoleo de los artistas, pero claramente me interesa trabajar en pos de ganarme mi lugar en el mundo del arte, que mi camino se pueda ir acomodando dentro de la historia del arte argentino.

La carrera artística no la construye uno solo, la construye la escena y el feedback.

 

Uno hace y deshace, nacen y mueren artistas todos los días. Puede pasar cualquier cosa. Lo efímero, una historia que se va borrando. Una ambivalencia entre lo que perdura y lo que no, la reflexión entre el tiempo y los materiales.

¿Mártir o hedonista?

 

Mártir, creo que ya desde como me acerco al trabajo en si, desde la comodidad no puedo trabajar, me cuesta, mi taller es incómodo, la grúa es incómoda, viajar todo el tiempo… lo incómodo es mi lugar confortable. Es natural. Mi diálogo conmigo es desde el conflicto, una búsqueda, una reflexión que se transfiere a todo mi entorno. No busco la felicidad en el arte. Uno busca emociones.

 

¿Pensás que el arte puede salvar al mundo?

 

No… ni en pedo. Creo que puede hacer grandes aportes, ayudar a mucha gente. Es una gran herramienta junto con otras herramientas que pueden hacer un gran trabajo. El mío lo hizo más llevadero, me pego de costado.

 

¿Te encontrás en el hacer o en el pensar?

 

En el hacer, sin pensarlo, el hacer me hace pensar, es la excusa para darle vuelta a la reflexión sobre mi trabajo. Estoy un poco más viejo, más reflexivo, siempre del lado de la incomodidad. Mi objetivo es seguir obrando.

Introducción y entrevista por Elian Chali.
Transcripción y edición por Marcio Parks.

Diseño por Juan Cruz Molas y Molas.

Imágenes cortesía de Franco Fasoli.

SUBTERRANEO. 

Una mirada auténtica sobre la subcultura.

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Mini-bio:

Franco Fasoli alias "Jaz" estudió y trabajó en escenografía en el Teatro Colón en Buenos Aires, y estudió pintura con José Marchi, Nahuel Vecino y Diana Aisemberg. Es reconocido como uno de los primeros grandes escritores de graffiti en comenzar a pintar en las calles de Buenos Aires a mediados de la década de 1990. La obra de Jaz evolucionó hasta convertirse en un muralismo figurativo a gran escala, tomando prestadas técnicas y medios de su trabajo de escenografía y graffiti político que caracteriza el paisaje urbano de Buenos Aires. Trabaja con medios mezclados de pintura látex, alquitrán y gasolina, así como con acrílico, aerosol y collages de papel. El artista explora la identidad, tanto a nivel personal como cultural, en piezas que presentan criaturas híbridas, que son parte hombre, parte bestia. Sus composiciones se caracterizan por el conflicto y la dualidad, y frecuentemente hacen referencia a la cultura popular y tradiciones locales, con un énfasis particular en temas latinoamericanos. (texto extraido de Graffitimundo).