

Qué locura de cierre de año. Primero el MAC. Una semana después, la expo individual de Guada. Nos volvimos locxs. ¿O ya lo estábamos? Porque para hacer lo que hicimos un poco lo tenés que estar.
204 fotos. 1020 pedacitos de cartón, foamboard y cinta doble faz. 816 cortes en las puntas para que queden redondeadas; ni hablar de posicionarlas en la pared y que queden a nivel. Y por más organización que haya, no sé por qué todo termina tan cerca de la inauguración. No es que lo dejemos para último momento, pero hay algo inevitable en eso. Parece un capítulo de Extreme Makeover: Home Edition. Todo a contra-reloj. Y sí, terminás quemado. Feliz, pero quemado. (Y medio ebrio).
Hicimos una maqueta de la muestra en mi casa con las fotos tamaño almanaque. Las cortamos a mano. Les recortamos los bordes. Las movimos, las cambiamos de lugar, las volvimos a mover hasta que apareció la disposición final. Horas mirando una pared imaginaria.
Gracias a lxs amigxs. A lxs que creen en tu proyecto, que creen en vos. Te ayudan. Traen birras. Traen charlas. Se sientan a cortar papel, cinta, cartón. Se quedan hasta tarde. Te acompañan. Sin eso no existe nada.
Y tampoco nos olvidemos del delirio que es organizar el evento. Porque cuando vas parece un truco de magia, pero atrás hay semanas de caos. Conseguir sponsors de todo tipo —marcas, ferreterías, imprentas, alcohol, pintura—. Gestionar sonido, DJ, barra. Documentar el evento. Armar la difusión. Resolver lo que se rompe. Lo que no llega. Lo que falta. Y en medio de todo eso uno se pregunta: ¿para qué? ¿Para qué hacemos esto?
La respuesta es simple. Poder hacer estas exposiciones con artistas como Guada. Compartir procesos. Eso. Con Guada me pasó que es explosiva, desordenada, distraída, impulsiva, híper enfocada. Todo al mismo tiempo. Agarra un martillo y clava un clavo sin medir demasiado. Pone las fotos y dice: ¡Ya está! ¡Mirá! Y vos dudás un segundo… pero sí. Funciona. Una vez que arranca no frena. No especula. Hay algo visceral, intuitivo, instintivo, que empuja. Y en eso me sentí muy identificado.
Y en el medio hacernos de terapeutas. Hablar de problemas, relaciones, anhelos, laburos, la vida. Porque es necesario. Sino, ¿para qué hacemos estas cosas? Son proceso. Si no hay proceso, no tiene sentido.
Bueno, basta de esta catarata mental.
Los dejo con el texto de la muestra, un timelapse del montaje, fotos de sala y del día de la inauguración.
Con ustedes,
#SERIEDECOSAS x GUADA FASSI.


La vida está rodeada de cosas que damos por sentadas, cosas que usamos o que están ahí, a la vista, pero que no les prestamos atención: unas zapatillas gastadas, una rodaja de zapallo, velas con formas de corazones, cortinas, señaléticas o el cielo reflejado en el espejo retrovisor de una moto.
Guada nos recuerda el acto de observar, nos hace entrar en portales, ver el mundo de una forma un poco más fantástica. Un registro casi compulsivo de lo inusual y onírico que puede ser lo mundano cuando detrás hay una mirada curiosa. Resignificando objetos, revolucionando su sentido. Como una Magritte de la era digital. Un absurdo cargado de colores lleno de indicios de que Guada estuvo allí o de que alguien estuvo allí y ella lo observó.
¿Cuáles son las historias que esconden esos objetos, esos cielos, esos momentos? ¿Por qué estaba eso ahí? ¿De quién habrá sido? ¿Dónde dejé el celular? ¿Alguien sabe?
Un destello en el agua, un paisaje roto, un gigante cubierto de libustros, una torta con las velas clavadas en las frutillas. Una serie de cosas.
— Juan Cruz Molas y Molas
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A continuación lo documentado del evento de inauguración:



















































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