MARCOS ZIMMERMANN

La fracción más importante de la obra de Marcos Zimmermann es su mirada estética y humanista, que ha reflejado abundantemente sobre los grandes problemas y visiones de nuestra Sudamérica latente. Cada día aprendemos a comprender mejor y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso de nuestro desarrollo… creemos que el estudio de su trabajo es fundamental para entender definitivamente quienes somos, para cuestionar sistemáticamente la realidad y cruzar la ventana de los grandes mitos de la historia argentina.


Humanismo/ Iniciación

​Yo no soy el mismo que hace muchos años.

Que pregunta, me gusta, mi obra es completamente humanista, explicar por qué es un poco difícil, creo que uno tiene una mirada del mundo y esa mirada se refleja en lo que uno hace, en el campo que sea. Después se han ido sumando varias cosas, yo no soy el mismo que hace muchos años, en realidad soy un fotógrafo de oficio, empecé a sacar fotos como laburo, durante muchos años, no estaba tan instalada la fotografía como arte, como obra, no existían las escuelas, nada de eso. Entonces uno se preparaba para sacar buenas fotos, que técnicamente estén buenas, de a poco eso fue desarrollándose, fui trabajando en cine, publicidad, trabajos que me fueron perfeccionando; y en un momento, fin de los años 70’, explotó como arte y la valorización de la fotografía como otra cosa… y ahí yo tuve una especie de iniciación artística en un taller que hice en Venecia, en 1979, un taller que lo daba Arnold Newman, fotógrafo estadounidense muy conocido por sus retratos.

​Recuerdo hice un pequeño trabajo sobre una calle de Venecia, además conocí una serie de fotógrafos muy buenos, para ese entonces Buenos Aires estaba muy lejos de todo, los libros llegaban varios años después. Ahí tuve como una sensación de que podía no solamente hacer buenas fotos sino contar cosas, decir cosas, sobretodo con una serie. Ese trabajo tuvo un éxito inmediato, lo vendí ahí, 12 fotos por 100 dólares, salí hecho, fue lo que me había salido el viaje a Venecia. Después me fui a Roma donde estaba viviendo para entonces, hice un trabajo sobre la calle donde vivía, un año estuve haciéndolo y fue la primera exposición que hice en mi vida, ya como artista. A partir de ahí hice varios trabajos en Europa, todos con ese corte que tiene que ver con lo humano. En Italia también tuve aprendizajes sobre la vida y la política, tema que hasta el momento me había interesado relativamente poco… empecé a ver Argentina de lejos, estábamos en dictadura, la pude ver en perspectiva. Volví con la idea de hacer un trabajo de Argentina en dictadura, trabajo que nunca terminé por supuesto, ni lo expuse en ese momento. Ahí fue donde tuve un contacto muy grande con el interior de nuestro país, y ya una sensibilidad hacia eso, una intención hacia eso que fue un poco lo que marcó mi obra posterior. Entre medio las cosas habían cambiado, el país se democratizó, yo volví, volví al cine y a la publicidad. Uno de los fotógrafos que más me gusta es Eugene Smith que es un poco el inventor de la fotografía comprometida. De hecho, mi último libro es el más humanista de todos.

Marcha de las Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires.

A mí me parece que la historia del arte se divide en una historia que se puede entender como humanista y otra como solipsista… mirarse para adentro, hay fotógrafos que son como espejos y otros como ventanas, ventanas al mundo y espejos de sí mismos. Durante mis últimos años de fotografía, donde la disciplina ya tomó un carácter de objeto de arte, que se vende, con un valor de mercado, condicionamientos y cosas que son externos a la fotografía en si misma, me interesa poquísimo, de hecho, la combato, en todas las notas que escribo le dedico algún párrafo a tratar de hacer mierda a los curadores y a todos los que están picoteando de la fotografía y el arte. A mí me interesa la gente, los otros, me interesa mi país y lo odio en muchos casos, como cuando votó la última elección, son cosas que pasan. Tenemos un problema de identidad muy grande y creo que la fotografía puede acudir como ayuda para resolver algunas cosas… pasan los años y todavía no sabemos muy bien cómo somos… ni quiénes somos.

Av. Pueyrredón, Buenos Aires, 2016

«Tenemos un problema de identidad muy grande y creo que la fotografía puede acudir como ayuda para resolver algunas cosas… pasan los años y todavía no sabemos muy bien como somos… ni quienes somos»Marcos Zimmermann.

Identidad/ Memoria/ Proceso

Todavía no sabemos muy bien como somos… ni quienes somos.

Bueno, a ver, yo no soy un militante político, nunca lo fui, si quieren… mi militancia es mi fotografía, pero sí tengo una enorme fe en que cada vez que hago un trabajo nuevo pueda aportar socialmente algo; creo que una de las cosas más importantes por la cual he mantenido siempre una mirada de la fotografía directa y simple, es la posibilidad de que todo eso aporte a la identidad, que lo que fotografío sea verdadero y significativo y yo ser testimonio de esa verdad. Siempre lucho contra mi mismo y contra otros. Nadie dice El rey está desnudo. El libro que hice sobre el norte argentino “La Tierra y la Sangre”, lleva ese nombre porque hay paisaje y gente, yo lo hice en los años 90’ cuando Argentina miraba a Miami y se iban a comprar dos televisores. Yo quería fotografiar el interior y que ese interior mirara a cámara, que mire al que está mirando el libro como diciendo… acá estamos. Encontrar el camino para decir algo, los caminos son infinitos, entonces encontrar la forma gráfica de expresar lo que querés expresar. Mi nuevo trabajo no tiene nada que ver con todo lo que hice hasta ahora, rompo absolutamente y quería probarme en eso. Un libro sobre como vivimos, como estamos, como andamos. Seguramente haya algo dentro de uno que va latiendo y empujando, que finalmente va desatando algunos nudos, hasta que uno le encuentra una forma de expresar… en el momento que se apague el fuego de decir cosas… va a ser el peor momento de mi vida.

Lof mapuche, Huenctru Trawel Leufu – Paraje Cerro León – Provincia de Neuquén, 2017

Política

Ser testimonio de la verdad.

Yo creo que mi obra tiene una intención política, no me parece que tenga una intención política específicamente coyuntural, es decir, nunca hice un trabajo concretamente sobre los desaparecidos, pero me parece que tengo la impresión que vista en perspectiva, con el tiempo, puede tener mi obra un reflejo de la Argentina en este momento, y eso es un acto enormemente político… el estar cerca de la verdad y tratar a toda costa de fotografiar lo que no se puede, lo que no es redituable en términos estéticos. Me considero un actor político, apunto a una comprensión de nosotros mismos por nosotros mismos. Es una manera de hacer fructificar algo que tenemos los argentinos, lo que más nos identifica… la fraternidad. Eso en algunos momentos políticos puede convertirse en un muro muy fuerte contra algunas cosas.

Casabindo, Jujuy.

Fotografía/ Escritura/ Periodismo

Que las palabras te hagan volar.

La fotografía y la escritura son dos maneras muy distintas de expresarse, la fotografía tiene un lenguaje muy difícil de agarrar, no es literatura que tenés un sujeto, un verbo y un predicado, para ser sencillos… en fotografía a veces un verbo puede ser un predicado. La lectura de una foto puede ser completamente distinta a una muy similar, mientras que en un texto simplemente explica algo que nosotros tenemos que es el lenguaje. Lo que me pasó fue que… siempre escribí paralelamente a la fotografía, escribía poemas y fue por ahí donde entré a la literatura. Me sale escribir más o menos poéticamente, no me gusta un texto seco, descriptivo y nada más, me gusta que las palabras te hagan volar. Y yo soy un fotógrafo que siempre estuvo atado a la realidad, es mi oficio, en la fotografía estás atado siempre a muchas cosas, no te podés mover. Con la literatura me pasa todo lo contrario, es un lenguaje donde puedo hacerte desaparecer, sentarte arriba de la lámpara… entonces esa libertad es algo genial… con la palabra puedo dibujar cosas que no quiero dibujar con la fotografía.

Bajo el puente, Tucumán.

Primeras imágenes.

La fotografía en mí es anterior a la maquina fotográfica… recuerdo íbamos a Córdoba con mis padres y mi hermana, en un tren que se llamaba Rayo de Sol, tenía unos camarotes, dormía en una cucheta con ventana y a la mañana llegando a Córdoba veía pasar las imágenes del mundo… la gente que se va a trabajar, los niños al colegio. Esa película me quedó para siempre.

Escuela número 442, Comunidad Pilagal «El Descanso», Provincia de Formosa, 2017.

Desnudos Sudamericanos.

Es un libro pensado, lo que hay es que las situaciones, los personajes que están son realmente lo que están representando. Yo lo digo en el prólogo del libro, había un contrato y además un dinero. Nació inicialmente como la idea que fue, quería hacer un trabajo sobre Sudamérica… con la idea de desnudo, quería hacer un libro, digamos sobre una Sudamérica real, desnudos reales… mostrar una manera de mirar que no es la manera clásica de mirar. Un libro con mucho trabajo, recorrimos siete países, siete años. El momento fotográfico es inquietante.

Salinas Grandes, Jujuy.
Ingenio azucarero. Tucuman.

Creencia/ fotografía

La captura del alma.

Creo en lo que veo y toco, y me parece que eso trae implícito un mundo, es decir, no creo en cosas que no existen, que son incorpóreas… creo en que, si yo estoy contigo, y te toco, te veo, tengo una noción tuya, mirarnos a los ojos y que haya una conexión… hay un mundo tuyo que se me trasmite. Hay en eso algo místico, la mística de lo existente, yo soy un gran admirador de la realidad, ahí esta todo… cuando observas el mundo y ves en detalle, ves también otras cosas, la fotografía es un gran ejercicio en ese sentido, la posibilidad de detener el mundo y de explicarlo en términos que parecen muy concretos… hay fotos que tienen alma y otras que no.

Termas, Federación, Entre Ríos.


Entrevista por Juan Cruz Molas y Molas y Marcio Parks.​
Fotografías cortesía de Marcos Zimmermann.

www.marcoszimmermann.com
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