LUCIANO LAMBERTI: ESTAMOS TODOS MUERTOS Y VIVIMOS EN UN PARÉNTESIS.


LUCIANO LAMBERTI

ESTAMOS TODOS MUERTOS Y VIVIMOS EN UN PARÉNTESIS.

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Nacido en la ciudad de San Francisco, provincia de Córdoba, en 1978, Luciano Lamberti es considerado actualmente uno de los más interesantes escritores de la llamada nueva generación de narrativa latinoamericana. Sus escritos divagan entre el género fantástico, la ciencia-ficción y el terror. La reciente publicación de su último libro de cuentos, La casa de los Eucaliptus, ha tenido, más allá de la trayectoria que precede al autor, muy buena recepción por parte de los lectores y la crítica en general. Según sus propias palabras, a diferencia de libros anteriores, este se inclina, más que al fantástico, a un “terror más crudo, más gore”. También aquí abundan la crueldad, la violencia extrema y el fracaso. Sus relatos están imbuidos por una atmósfera misteriosamente atractiva, que tiende a la mostración de la deformidad de lo real, y que, como toda narración terrorífica, convierte sucesivamente al lector en un voyeurista inquieto, que quiere y no quiere ver al mismo tiempo. La sensación del mal inminente, en cualquiera de las elocuentes formas en las que suele disfrazarlo el autor, perseguirá inquietantemente a cualquier lector.

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Alguna vez citaste una frase acerca de la “infancia como la patria del escritor” ¿Tenés en cuenta algunas situaciones de tu infancia que consideres claves en el ejercicio de creación de tu literatura? ¿En que punto crees que esos elementos de tu vida personal convergen con la vida de tus personajes?

La infancia está llena de descubrimientos, por eso es tan rica para el escritor. También llena de decepciones. No sé qué específicamente me llevó a ser escritor, sé que en la primaria le escribía las cartas de amor para las chicas a mis compañeros. Y todo lo que escribo soy yo, sobre todo cuando mis personajes están muy alejados de mí.

Si tuvieras que definir de alguna manera tu obra ¿cómo lo harías?

No tengo mucha idea. Si la defino, supongo que quedo atrapado en esa poética, como les pasó a muchos escritores, y estoy condenado a repetirme. Prefiero sentirme libre, y tratar de sorprender, aunque sea mínimamente a mis lectores, si es que existe tal cosa. Sé lo que busco, y espero encontrar: una lectura ágil, divertida, con la que el lector pueda identificarse y dejarse llevar, la misma experiencia que me hizo volverme escritor, para tratar de reproducirla.

¿Pensás a la literatura como un instrumento de construcción de identidad? ¿Qué papel juega la memoria en ese proceso?

Pienso la literatura como una forma de conocimiento, de interrogación del mundo. Creo que, como todas las artes, tiene la función más bien de poner en duda la identidad, cuestionarla.

¿En qué cree Luciano Lamberti?

Qué preguntita. No sé, depende un poco del momento, del día, de lo que pase a mi alrededor. Estamos todos muertos y vivimos en un paréntesis, ese podría ser mi epitafio.

En una entrevista dijiste que habías encontrado en la literatura una búsqueda del mal, Bataille dijo alguna vez que sin el mal la literatura era demasiado aburrida ¿Qué es “el mal” para vos? ¿Lo considerás como motor en el ejercicio de la escritura?

El mal es todo aquello que se sale de la norma, que lleva a cuestionarnos lo real o las formas de lo social. Es atractivo y aterrador a la vez, porque nos obliga a pisar un terreno movedizo.

El mal es todo aquello que se sale de la norma, que lleva a cuestionarnos lo real o las formas de lo social. Es atractivo y aterrador a la vez, porque nos obliga a pisar un terreno movedizo.

- Luciano Lamberti.

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También devoto de Stephen King y Philip K. Dick, Lamberti se reconoce en sus libros como deudor de una mixtura de tradiciones literarias. La influencia del realismo norteamericano y el fantástico rioplatense confluyen en una poética original que el autor conlleva merecidamente como propia. La intermitencia de lo desconocido y la marginalidad comportamental de sus personajes, así como también el arremetimiento contra la rigidez de algunas prácticas institucionales (la familia, la intimidad, el secreto, la normalidad) hacen de sus relatos un lugar plagado de rebeldía e incomodidad, dos tesoros en toda literatura.

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Si la literatura es, en tus propias palabras, una reescritura de lo ya escrito... ¿Podés identificar temáticas recurrentes en tu literatura que de alguna manera respondan a cierta tradición?

Creo que son las formas más bien las que se heredan, o las que uno elige, o las que nos eligen. Yo no escribo pensando en temas, los leo después cuando ya terminé la historia. Supongo que crecer, que iniciarse en el mundo, es uno de los temas que están más presentes en lo que escribo. Supongo que la existencia del mal, también. Supongo que la posibilidad de que esto que vemos y tocamos no sea todo lo que hay, es, por último, una de las esperanzas que aparecen en lo que escribo.

En La maestra rural, tu última novela, aparece el tema de la locura y del origen de lo poético en íntima relación. ¿Tiene alguna relación ese interés con los talleres literarios que dictabas en el hospital psiquiátrico? ¿Encontrás alguna relación entre las dos cosas?

La poesía y la locura tienen el mismo origen, que es el lugar del que nada podemos decir, el que nos deja sin palabras. Yo estaba escribiendo mi tesis sobre Viel Témperley cuando empecé a pensar la novela, sobre todo sobre sus últimos libros, que están escritos en un estado de éxtasis casi místico, y supongo que la experiencia de lectura me llevó a trabajar ciertas ideas en la novela.

Hace pocos meses se publicó tu último libro de cuentos “La casa de los eucaliptus”. ¿Qué novedades les puede deparar a tus lectores con respecto a tus libros anteriores?

En este libro hay un terror más crudo, más gore si se quiere, son cuentos más cercanos al terror que al fantástico de El loro que podía adivinar el futuro.

Hemos escuchado que se te incluye en la generación de la nueva narrativa latinoamericana ¿Cómo te sentís en ese lugar?

Halagado, hay muchos escritores muy buenos.

¿Qué elementos de la literatura gauchesca se hacen visibles en tu obra?

Supongo que la identificación con el paisaje, la naturaleza como el otro, el bárbaro. El uso de la violencia. El hecho de darle la palabra al “otro” social. El resentimiento de clase.

¿De qué manera crees que el cine afecta a las nuevas formas de narrar y de transmitir imágenes o situaciones a través de la palabra?

Es un feedback. El cine se escribió desde sus comienzos por gente que venía de la literatura. Lo mismo la televisión. Y algunas de sus estrategias de enganchar al lector y divertirlo deberían ser imitadas por los escritores. La literatura que más me gusta, que es la norteamericana, parece “filmada” en muchos escritores, que ponen la cámara en el hombro de sus personajes.

En los últimos años se pusieron en circulación gran cantidad de novelas cortas, o nouvelles, ¿crees que el futuro de la novela va encaminado a esa forma más breve o sintética? Y, por otra parte, ¿qué papel creés que juega la predisposición de los lectores hacia el consumo literario en esa transformación?

Puede ser. Antes estaba la idea de la novela totalizadora, que hoy poca gente se anima o tiene ganas de emprender, y hay apuestas más pequeñas, muy interesantes, que se leen rápido. En la Argentina, hoy, más te vale escribir corto, con lo que sale imprimir. Buenas noticias para los cuentistas.

¿Qué libros nos recomendaría tu mesa de luz en este momento?

Estoy leyendo dos libros por trabajo: No a mucha gente le gusta esta tranquilidad, de María Teresa Andruetto, y Cometa de la noche negra, de Diego Vigna, dos cordobeses. En mi mesita de luz también pueden encontrar un kindle lleeeeeeeeeeeeeno de libros.

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Entrevista por Marcio Parks y Francisco Luque.

Fotografía cortesía de Luciano Lamberti.

Diseño editorial por Juan Cruz Molas y Molas.

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