Otro tiempo, otro lugar

16/5/2018

CONSTANZA CHECCHI

Otro tiempo, otro Lugar es una narración que parece una mezcla de crónica de viaje,   biografía, historia y relato. Nos adentra en un universo lejano pero de muchas historias simples, situaciones mínimas, el tiempo que todo lo tensa y lo vuelve mar. “Vuelvo porque me encanta esa desolación, el frío, los árboles que crecen de costado por el viento”. -Constanza Checchi.

¿Cómo fue tu infancia en Río Grande? ¿Cómo fue crecer allá? ¿Qué podés rescatar de eso?

Me acuerdo de cosas muy lindas, la nieve, la barda congelada por la que nos tirabamos con chapas como si fuera un trineo, ponerte con la bici para el lado que sopla el viento, que allá es tan fuerte, que cuando era chiquita me llevaba sin pedalear, el club, la pileta cubierta, dejar la bici tirada y buscarla al otro día, hasta incluso el mar del otro lado de la ruta donde una vez encontramos un pingüino. Yo vivía en un barrio que estaba un poco más alejado, el campamento YPF donde vivíamos todos nenes de la misma edad y yo tengo un hermano mellizo, así que estuvo buenísimo.

¿Sentís que aún con los años perteneces a ese lugar?

Es raro el sentimiento  porque yo me fui muy chiquita, tenía 6 o 7 años, entonces me acordaba del lugar y la gente como con esa visión de niña: la barda alta, las calles amplias, el barrio grande, la ruta, el mar; y extrañaba y quería volver y ver cómo era el lugar realmente, me pasaba más con el lugar que con las personas. Tardé 23 años en volver a Río Grande, y cuando llegué ya con 31 años todo lo que yo recordaba era diferente, la barda era bajita y con ese pasto quemado por la nieve, las calles angostas y el barrio chiquitito (a parte de estar bastante venido abajo), el mar sin olas, no hay arena sino barro, es todo muy desolado. Entonces creo que tiene que ver más no con un sentimiento de ser o pertenecer a Río Grande sino de haber sido o haber pertenecido en otro tiempo a ese lugar, que al mismo tiempo ya no es más ese lugar sino que hoy es otro. Qué sé yo, es raro.

¿Por qué te fuiste y qué es lo que te hace volver?

Me fui porque en ese tiempo, más o menos 1991 o 1992 se privatizó YPF y despidieron a la gran mayoría de los empleados, mi viejo trabajaba en YPF, así que… bueno, tuvimos que volver a Córdoba.

Vuelvo porque me encanta esa desolación, el frío, los árboles que crecen de costado por el viento, esa cosa tan quieta que tiene la ciudad por más de que ya haya crecido mucho, siento una conexión muy especial con toda la patagonia argentina, yo siempre digo que de vieja voy a terminar en una cabaña de madera con un hogar y una biblioteca gigante, mi computadora, mi cámara e internet, obvio, en algún lugar de la Patagonia.

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¿Qué diferencias encontrás con vivir en Córdoba?

Muchas, no tiene nada que ver, lo que más me quedó en la cabeza, fue que yo tenía 7 años y me acuerdo que en Río Grande dejaba la bici en la calle del barrio y no había ningún problema, cuando llegué a Córdoba casi me roban la bici por hacer eso. Son cosas de vivir en un pueblo o en una ciudad creo.
Otra cosa, allá, en verano, amanece a las 4 am y anochece a las 23 hs, como también en invierno amanece a las 11 am y anochece a las 16 hs.
El clima, la gente, la forma de relacionarse. Allá el clima es muy agresivo, no hay mucha vida al aire libre, es todo más encerrado, la gente es muy diferente, Córdoba tiene esa cosa bien amigable y acogedora que sería bastante lo contrario a Río Grande.

La representación que hiciste de Río Grande nos genera una sensación de quietud, de soledad, ¿Por qué elegiste retratarlo de esa manera?

Básicamente porque yo la veo así. Imaginate que me fui con 6 o 7 años y como dije antes, con esa visión de niña, mi vieja me decía que no era como yo me acordaba la ciudad pero bueno, cuando volví, y la ví con ojos de grande, la ví de esa forma, quieta y solitaria.

Está casi al final del mapa de la Argentina, muy cerca de Malvinas, es una Isla que forma parte del Archipiélago de Tierra del Fuego, son lugares desolados con clima agresivo, es muy distinto a lo que estamos acostumbrados.

¿Qué lugar ocupa el otoño/invierno, el frío, en tu vida?

A mi me gusta mucho más el frío que el calor, la montaña con nieve que la playa, por más que sea más incómodo y haya que salir con 30 kg de ropa y desvestirte cada vez que entrás a algún lugar. La verdad que me gusta bastante el frío. Me pasa con el calor del verano que llega un punto en el que ya no lo soporto más, no me dan ganas de salir, cada vez que me muevo transpiro, me tengo que duchar 30 veces por día. Me hace encerrarme en mi casa más el calor que el frío.

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Vemos un componente muy nostálgico… La nieve, el invierno, el día eterno. ¿Cómo te afecta el paso del tiempo?¿Cómo vivís ese fenómeno?

No sé, el tiempo es algo que pasa sí o sí, inevitablemente y se va llevando y va trayendo cosas nuevas, va cambiando nuestras visiones, nuestros gustos, nuestras costumbres y va cambiando todo, nuestro cuerpo, los lugares, los objetos. Yo trato de aprovechar siempre esos cambios, ese paso del tiempo, trato de ser consciente de esos cambios, tantos míos como de las cosas que me rodean, como por ejemplo estas fotos, mirá cómo está hoy mi primer barrio.

 

En la fotografía de la pileta abandonada, ¿Podrías contarnos un poco acerca de esta imagen?

Esa es, bueno mejor dicho era, la pileta del club YPF donde aprendí a nadar, pero 23 años después de que me fui.

Fue muy loco cuando la ví, el trampolín por donde me tiraba, la parte honda, la pileta de niños, todo estaba abandonado, venido a menos, muy diferente.

Sumado al clima frío, ventoso, con barro, la vegetación quemada por ese clima. Fue como fuerte superponer las dos imágenes.

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¿Qué lugar ocupa Río Grande en tu vida?

Es el lugar donde pasé mis primeros años de vida, los años más inocentes, cuando todo es jugar con tus vecinos y estar con tu familia. Siempre me va a quedar esa visión de niña del lugar creo que por eso le tengo tanto cariño.

Mini-bio: Constanza Checchi nació en Córdoba en 1984 y vivió sus primeros 6 años en Río Grande, Tierra del Fuego. Estudió Cine en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), cuando el formato disponible era VHS y diapositivas. Esto marcó bastante su búsqueda de texturas de la imagen. Se filmaba en el formato analógico o semi-analógico que se pudiera acceder, tratando de aprovechar deformidades que generaban las cintas, rollos y diapositivas. 

Desempeño diferentes roles para producciones audiovisuales locales y de Brasil, hasta que comenzó su proyecto basado en imágenes de viajes y lugares, en su mayoría vacíos.  Su trabajo no se inspira en la gente sino en la visión sobre el espacio, en lo que el lugar transmite para ella. 
Actualmente sigue recolectando imágenes y trabajando en este proyecto, sin saber cuándo ni dónde va a terminar, menos el rumbo que puede tomar.

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Fotografías cortesía de Constanza Checchi.

Entrevista por Marcio Parks y Juan Cruz Molas y Molas.

SUBTERRANEO. 

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